Hoy, en una mañana lluviosa, se han celebrado las exequias fúnebres de Lourdes, la madre de Charito, en su Parroquia de San Francisco y San Eulogio –casa de dos muy antiguas cofradías cordobesas, la de La Oración en el Huerto, hermandad de agricultores y olivareros, y la del Cristo de la Caridad, cofradía hospitalaria que se dedicaba ya en el siglo XV a petición de limosna para rescate de los cautivos, el enterramiento de los ajusticiados, el mantenimiento de los huérfanos y las viudas y colaboración por las casas de salud-.
La ceremonia ha sobresalido por su emotividad; y no es un tópico, no. Multitud de detalles y circunstancias denotaban que no era meramente un acto protocolario de la sociedad en el final de la vida terrenal de una de sus integrantes.
Nada más entrar llamaba la atención la mesa de altar instalada inusualmente a ras de suelo, a pie de presbiterio –en lugar de en el mismo-, a nivel y proximidad del féretro de Lourdes. Y es que el lugar privilegiado del altar mayor no estaba presidido por los oficiantes –sacerdote y acólitos- sino por alguien de más altura que además de dar solemnidad despertaba la emotividad de los feligreses del barrio –vecinos de Lourdes- y visitantes: la imagen de Nuestro Padre Jesús Preso y Amarrado a la Columna, de la antigua cofradía, de tiempos de los Reyes Católicos, de curtidores y guadamecileros, hoy incorporada a la Hermandad de la Oración en el Huerto.
La familia se encontraba arropada en sentimiento y presencia por multitud de amigos –algunos de los cuales venidos de fuera que, habiendo dejado moto y GPS en casa, deambularon perdidos por ese laberinto que es el casco antiguo de Córdoba bajo la lluvia durante más de media hora-.
El ambiente de tristeza de familiares y allegados por la partida de este mundo de esposa, madre, abuela, suegra, amiga… se hallaba mitigado por un sentimiento cristiano de llegada a un mundo mejor donde no estaría sola. Desde el oficiante, en una sentida homilía, hasta las admirables peticiones realizadas por sus nietos mayores, incluido el Bocero Xicho –conocido hasta ahora sólo por su despreocupación por lo serio e importante- que conmovió a los congregados con sus palabras –logro póstumo de abuela ya departida de este mundo- enumeraban a los que la han precedido en el trance y que ahora la acompañarán a la vera del Altísmo.
Desde aquí las oraciones de Macarena y mías por Lourdes y nuestro afecto por nuestros Charito, Rafa, Fatimita, Rafa chico –que, repito, impresionó junto a su hermana- y Pablillo.



Darugo Dario Durnio
