Alcohólicos pasivos
Publicado: 10 Ene 2011, 16:25
Los alcohólicos pasivos planean ya urgir al Parlamento la promulgación de una ley que prohíba el consumo de bebidas alcohólicas en bares, restaurantes y, en general, lugares públicos.
El movimiento, como es obvio, está encabezado por los al...cohólicos pasivos supervivientes, ya que muchos otros, por causa del alcohol que ingieren otros, han muerto en las carreteras, en peleas callejeras y domésticas, incluso en mesas de operaciones.
Los alcohólicos pasivos anhelan la restricción del alcohol porque no pocos entre ellos han visto malograda su vida matrimonial y familiar por múltiples quebrantos: el despido de sus cónyuges de su puesto de trabajo, la falta de funcionalidad sexual de sus parejas, el ambiente de gresca continua con conatos -y más que conatos- de violencia o la ausencia de colaboración continuada en infinidad de labores comunes y propias del hogar.
Los alcohólicos pasivos consideran, igualmente, que son víctimas de un importante perjuicio de incalculable alcance: el absentismo laboral, la falta de rendimiento, los errores e impericias o el retraso en las tareas y toma de decisiones de los alcohólicos en mil campos del ejercicio profesional, los servicios y cualesquiera gestiones privadas y públicas, incluyendo las gestiones de gobierno de la ciudad, la comunidad y la nación.
Los alcohólicos pasivos entienden que igualmente resultan perjudicados por los accidentes laborales a los que da origen con notoria frecuencia el alcohol y que ocasionan percances y consecuencias negativas de toda índole, incluidas las económicas.
En tal sentido, y al igual que los fumadores pasivos lamentan que de sus bolsillos salgan, mediante los impuestos, los dineros destinados al tratamiento en la sanidad pública de las enfermedades que los fumadores se causan voluntariamente a sí mismos, los alcohólicos pasivos deploran tener que contribuir a la terapia y problemática curación de cuantas dolencias causa el alcohol en los bebedores.
Los alcohólicos pasivos deploran tener que aguantar la pesadez, el tono errático de la conversación, la pelmada, los comentarios faltones e inoportunos, la falta de lucidez, la somnolencia y la ininteligibilidad del discurso en sus encuentros habituales u ocasionales con los bebedores.
Los alcohólicos pasivos, dicho sea de paso, envidian de los fumadores pasivos que no tengan que soportar, en su proximidad con los fumadores, los inconvenientes más arriba descritos, con la excepción de uno precisamente no mencionado: el mal aliento. No obstante, reconocen que el olor a humo en la ropa es un fastidio que ellos, por el contrario, desconocen, si bien no quieren entrar a calibrar el hedor de los vómitos.
Los alcohólicos pasivos no desean la Ley Seca, exactamente, ni tampoco creen que se vaya a dictar, pues creen que la situación generada obedece a una falta de lógica y coherencia totales que es, por cierto, muy frecuente entre alcohólicos y más rara entre fumadores, por lo que deducen que en el Parlamento abundan más los primeros que los segundos.
El movimiento, como es obvio, está encabezado por los al...cohólicos pasivos supervivientes, ya que muchos otros, por causa del alcohol que ingieren otros, han muerto en las carreteras, en peleas callejeras y domésticas, incluso en mesas de operaciones.
Los alcohólicos pasivos anhelan la restricción del alcohol porque no pocos entre ellos han visto malograda su vida matrimonial y familiar por múltiples quebrantos: el despido de sus cónyuges de su puesto de trabajo, la falta de funcionalidad sexual de sus parejas, el ambiente de gresca continua con conatos -y más que conatos- de violencia o la ausencia de colaboración continuada en infinidad de labores comunes y propias del hogar.
Los alcohólicos pasivos consideran, igualmente, que son víctimas de un importante perjuicio de incalculable alcance: el absentismo laboral, la falta de rendimiento, los errores e impericias o el retraso en las tareas y toma de decisiones de los alcohólicos en mil campos del ejercicio profesional, los servicios y cualesquiera gestiones privadas y públicas, incluyendo las gestiones de gobierno de la ciudad, la comunidad y la nación.
Los alcohólicos pasivos entienden que igualmente resultan perjudicados por los accidentes laborales a los que da origen con notoria frecuencia el alcohol y que ocasionan percances y consecuencias negativas de toda índole, incluidas las económicas.
En tal sentido, y al igual que los fumadores pasivos lamentan que de sus bolsillos salgan, mediante los impuestos, los dineros destinados al tratamiento en la sanidad pública de las enfermedades que los fumadores se causan voluntariamente a sí mismos, los alcohólicos pasivos deploran tener que contribuir a la terapia y problemática curación de cuantas dolencias causa el alcohol en los bebedores.
Los alcohólicos pasivos deploran tener que aguantar la pesadez, el tono errático de la conversación, la pelmada, los comentarios faltones e inoportunos, la falta de lucidez, la somnolencia y la ininteligibilidad del discurso en sus encuentros habituales u ocasionales con los bebedores.
Los alcohólicos pasivos, dicho sea de paso, envidian de los fumadores pasivos que no tengan que soportar, en su proximidad con los fumadores, los inconvenientes más arriba descritos, con la excepción de uno precisamente no mencionado: el mal aliento. No obstante, reconocen que el olor a humo en la ropa es un fastidio que ellos, por el contrario, desconocen, si bien no quieren entrar a calibrar el hedor de los vómitos.
Los alcohólicos pasivos no desean la Ley Seca, exactamente, ni tampoco creen que se vaya a dictar, pues creen que la situación generada obedece a una falta de lógica y coherencia totales que es, por cierto, muy frecuente entre alcohólicos y más rara entre fumadores, por lo que deducen que en el Parlamento abundan más los primeros que los segundos.
No son los mismos problemas los ocasionados por el tabaco y por el alcohol.